La confirmación de la visita de León XIV reavivó una pregunta que quedó abierta durante años. Aunque Francisco expresó su deseo de venir, distintos factores políticos, logísticos y de salud habrían impedido su regreso.
En el día en que el Vaticano confirmó la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre, volvió a surgir una pregunta que nunca tuvo una respuesta completamente clara: ¿por qué el papa Francisco, el Papa argentino, no visitó el país durante su pontificado?
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En 2013, cuando el entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio viajó a Roma para participar del cónclave en el que finalmente fue elegido como sucesor de Benedicto XVI, seguramente no imaginó que aquella sería la última vez que pisaría suelo argentino.
Durante su pontificado, Francisco visitó cuatro de los cinco países limítrofes con la Argentina. Estuvo en Brasil en 2013, apenas tres meses después de asumir; luego viajó a Bolivia y Paraguay en 2015; y más tarde a Chile en 2018.
También recorrió otros países de América Latina, como Cuba, Ecuador, México y Perú. Sin embargo, nunca concretó una visita oficial a su propio país.
La última vez que fue consultado públicamente sobre el tema, en septiembre de 2024, durante el regreso de su gira por Asia y Oceanía, Francisco respondió: “Yo querría ir. Es mi pueblo, pero no está decidido. Hay varias cosas que resolver antes”.
Evitar la grieta
Uno de los argumentos más mencionados en torno a la decisión de Francisco fue su intención de evitar que una eventual visita a la Argentina fuera utilizada políticamente en un contexto atravesado por fuertes divisiones internas.
Muchos sostienen que el verdadero motivo detrás de la ausencia fue que el Papa buscó no quedar envuelto en la llamada grieta argentina. Otros señalan que distintos sectores del país tenían miradas contrapuestas sobre su figura y sus decisiones dentro de la Iglesia.
“Siempre decía que iba a ir a Argentina cuando sintiese que era un instrumento para colaborar en la unión nacional, para colaborar en superar la grieta, para tratar de que los argentinos se reencuentren”, aseguró a la BBC Gustavo Vera, activista contra el trabajo esclavo y la trata de personas, cercano a Bergoglio.
De todos modos, Vera sostuvo que Francisco mantuvo una conexión permanente con el país durante sus años como Pontífice.
“Francisco mantuvo su conexión con la Argentina todo el tiempo. En su agenda de estos 12 años siempre hubo una cantidad muy nutrida de argentinos que iban a las audiencias, que iban al Ángelus, que tenían audiencias personales. Siempre estuvo de alguna manera con su corazoncito en Argentina”, indicó.
Qué dijo Jorge García Cuerva
En esa misma línea se expresó el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, tras el fallecimiento del Sumo Pontífice en 2025.
“Me decían que el Papa no vino a la Argentina, pero siempre estuvo”, consideró. Además, destacó que Francisco fue “un Papa cercano, humano, comprometido con la realidad de los migrantes, con el tema ecológico” y que dejó “una Iglesia que dialoga con el mundo y muy austera”.
García Cuerva también señaló que, si bien no hubo una presencia física del Papa en el país, Francisco estuvo presente en la vida de los argentinos.
“Aunque sea para discutirlo, lo tuvimos siempre presente”, expresó.
Al ser consultado sobre la decisión de no visitar Argentina durante su pontificado, el arzobispo explicó que, aunque existió la intención, las circunstancias políticas y logísticas impidieron concretar el viaje.
La salud, otro factor clave
Más allá de las interpretaciones políticas, la salud de Jorge Bergoglio también fue un factor importante en la planificación de sus viajes internacionales.
Durante distintos tramos de su pontificado, los problemas en la rodilla y las complicaciones respiratorias recurrentes limitaron sus traslados de larga distancia y obligaron a reorganizar parte de su agenda.
Por eso, aunque nunca hubo una explicación oficial única y definitiva, la ausencia de Francisco en la Argentina parece haber respondido a una combinación de factores: el contexto político local, la intención de no profundizar divisiones, las dificultades logísticas y las limitaciones de salud.
Con la confirmación de la visita de León XIV, la Argentina volverá a recibir a un Papa después de casi cuatro décadas, una espera que se extendía desde la histórica gira de Juan Pablo II en 1987.