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País

Los analistas hablan del dólar y una posible reforma constitucional

La semana que pasó dejó demasiados temas trascendentes para el país. El dólar, en sus versiones oficial y paralelo, y una posible reforma de la Constitución son dos cuestiones abordadas por los analistas políticos. Un resumen con todo lo que usted necesita saber.

20/05/2012

La reforma depende más de Scioli que de Cristina
Por Ricardo Kirschbaum para el diario Clarín

El próximo es un año clave para la continuidad del proyecto político en desarrollo . Las elecciones legislativas servirán para probar si Cristina logra el número mágico de legisladores que le permita avanzar en la reforma de la Constitución, como lo estipula la Carta Magna, o se prepara para dejar la Casa Rosada dos años más tarde . También entonces, como ocurre en las elecciones de medio término, se expresará el humor social.

La estrategia actual del oficialismo es hablar mucho de la reforma como si fuera un trámite que depende más de la voluntad del Gobierno que de la relación de fuerzas en el Congreso. Es una forma de darle continuidad a Cristina: a medida que se avanza en el actual período su poder se va licuando de a poco. Agitar la reforma, entonces, es tratar de correr ese horizonte hasta donde se pueda .

En ese contexto, la oposición de dos miembros de la Corte al proyecto de re-reelección de Cristina es un llamado de atención . Lorenzetti cree que la táctica de incluir muchos temas en la reforma, para colar la re-reelección, ya se hizo con Menem y la experiencia no fue buena . Zaffaroni, un juez muy cercano a la Casa Rosada, advierte que la re- reelección es una “mala palabra” . Sin embargo, es partidario fervoroso de un régimen parlamentario que elija al Presidente, un sistema que Cristina no ve con buenos ojos porque licua el exacerbado presidencialismo que ella practica con unción .

Daniel Scioli ha dicho que competirá por la Presidencia si Cristina no logra la reforma . Si la consigue, el gobernador bonaerense promete apoyarla.

Esta declaración enardeció al “cristinismo”, que acorrala al gobernador pero no consigue horadar su imagen en el electorado . Ningún kirchnerista de paladar negro mide tan bien en la Provincia como Scioli o Sergio Massa, el intendente de Tigre. Una última encuesta, por ejemplo, ubica a este último 25 puntos por encima de Alicia Kirchner , a quien quieren poner al frente de la lista de diputados para el 2013. También juguetean con Máximo Kirchner.

Por eso, la situación en la Provincia se tensará aún más de lo que está ahora. S cioli está urgido por fondos y la Casa Rosada manejará el grifo al ritmo de la disciplina política que demuestre el gobernador. Pero, al mismo tiempo, Scioli corre el riesgo de cambiar oxígeno financiero por poder político . Si esto se cumple, el gobernador podría terminar con una Legislatura definitivamente adversa. Así, el kirchnerismo se lanzaría al asalto final de la Casa de Gobierno de La Plata.

También la presión excesiva puede desatar lo que hasta ahora no han conseguido con las numerosas acciones contra Scioli. Esto es, que el peronismo provincial, cualquiera sea el sello que use, desafíe a la Casa Rosada en 2013 con lista propia . Si ocurriera, el “cristinismo” estaría en serias dificultades.



Se corre el humo y asoma la realidad
Por Eduardo Van Der Kooy para el diario Clarín

Cristina empieza a complicarse en su lado más sensible: la economía. Los vaivenes con el dólar denunciarían fuertes desajustes del modelo y desconfianza social. El kirchnerismo utiliza la Justicia para neutralizar otros problemas. De ese modo Boudou gana tiempo. La pelea con Macri.

El Gobierno debió prorrogar otros 30 días la intervención en la reestatizada YPF. Uno de sus interventores, Julio De Vido, reconoció el riesgo de que las acciones de la empresa petrolera dejen de cotizar en la Bolsa de Nueva York por no poder cumplir con los requerimientos legales. Martín Buzzi, el mandatario de Chubut, no logró adjudicar dos áreas hidrocarburíferas que habían sido tomadas por la provincia antes de la expropiación. No recibió ninguna oferta de inversión.

Era esperable que Repsol iniciara acciones judiciales en tribunales internacionales. Lo era mucho menos, en cambio, que Petrobras hiciera llegar un recurso directo a la Corte Suprema por el retiro de un área en Neuquén. El trámite estaba en marcha y no se detuvo pese a la entrevista que De Vido mantuvo en Brasilia con Dilma Rousseff.

La bala de plata que disparó Cristina Fernández hace 23 días, en medio de una atmósfera tormentosa, no parece haber encontrado todavía su rumbo ni su destino.

Está claro que a la vieja crisis energética sin solución cercana le estaría añadiendo nuevos problemas. Aquella atmósfera tormentosa retorna lentamente y, a lo mejor, con peores cargas. La Presidenta hizo algo que Néstor Kirchner nunca hubiera hecho: admitir dificultades con el dólar cuando salió, simplemente, a hablar del dólar.

El ex presidente creyó siempre como un dogma que la situación del billete estadounidense es capaz de alterar los humores y los nervios de una mayoría de ciudadanos argentinos. Cuando enfrentó problemas, por razones locales o internacionales, lo hizo en silencio y utilizando las herramientas monetarias del Banco Central. Sobre todo, en tiempos de Alfonso Prat Gay y Martín Redrado. Sabía de aquella sensibilidad nacional porque poseía un idéntico ADN : para sus negocios y seguridades privadas se cobijó invariablemente con el dólar.

El regreso de la moneda estadounidense al primer plano de las inquietudes cotidianas estaría denunciando, sobre todo, dos cosas. Una creciente inconsistencia en varios frentes de la economía y una desconfianza social atizada por el propio Gobierno con sus controles cambiarios policiales y otro sinfín de decisiones que no terminan de cuajar. Hay estadísticas que así lo revelan: con las primeras restricciones, no tan rígidas, el Gobierno había logrado reducir a US$ 600 millones la fuga de capitales mensual; desde que se resolvió la expropiación de YPF y fueron intensificados los controles se ha verificado una salida de US$ 400 millones semanales.

Es decir, US$ 1.200 millones por mes, en promedio. Cerca, otra vez, de los números del último trimestre del 2011, que marcaron en ese campo un récord.

El desfase de casi un 30% entre el dólar oficial y el paralelo no trasunta sólo un dilema cambiario. Descubre una brecha inflacionaria que el INDEC de Guillermo Moreno se empeña en ocultar. Devela la pérdida de competitividad del tipo de cambio. Esas variables dañadas, agregadas al superávit fiscal que ya viró en fuerte déficit y al desequilibrio de la balanza comercial, señalarían la oxidación de los pilares del modelo kirchnerista.

Aquel déficit fiscal ha comenzado a tener también traducciones políticas. Los gobernadores se podrían encontrar este año con un rojo financiero próximo a los $ 20.000 millones . La coparticipación merma y se ven en figurillas para cumplir con el pago de los sueldos estatales. En los pliegues de esas dificultades se metió la pelea entre Daniel Scioli y el cristinismo.

El gobernador de Buenos Aires está apremiado para que la Legislatura apruebe una ley de endeudamiento . Pero el vicegobernador Gabriel Mariotto impuso que tal proyecto, como lo manipuló en el Senado, debe votarse junto a una reforma impositiva que incluye un revalúo inmobiliario para el campo. La estrategia está movida por razones políticas y económicas de igual intensidad. La Cámpora aprovechó para montar varias grescas contra dirigentes agrarios, queriendo remedar los enfrentamientos del 2008. Siempre el libreto K requiere de algún enemigo detrás del cual disimular las verdaderas intenciones. Aquella reforma, por su composición global, podría significar también un importante flujo de dinero para las arcas del Estado Nacional . Esos son fondos que necesitan Cristina y Moreno.

La puja con Scioli entró en las últimas horas en una suerte de tregua precaria. Fue por un correo que le llegó a Mariotto de parte de la Presidenta. Pero Cristina no olvida ni perdona: le disgustó hasta el alma que el gobernador haya sincerado con tanta antelación su ambición presidencial. Es cierto que aclaró que esa ambición está sujeta a la voluntad de continuar de Cristina. Pero constituiría un temprano desafío para ella –en especial si la reforma no prospera–, cuando le restan aún tres años y medio de mandato.

A la Presidenta le convendría una guerra terminal con Scioli en un momento en que los vientos de los problemas económicos y políticos vuelven a despejar la cortina de humo que supo levantar la expropiación de YPF. Está pendiente la definición del liderazgo sindical que el kichnerismo le pretende arrancar a Hugo Moyano. Está promediando mayo y demasiadas paritarias continúan inciertas en medio de protestas gremiales y sociales. Cristina preferiría ahora disponer sus municiones contra Mauricio Macri.

Al jefe porteño no le alcanzan las horas de cada día para reprocharse dos errores políticos garrafales cometidos . Haber firmado con candor un acta de compromiso para negociar con el gobierno kirchnerista el traspaso de los subtes a la Ciudad. Haberse empecinado además con la designación del ex comisario Jorge Palacios cuando fundó la Policía Metropolitana. Ambas cosas, convertidas ahora en las palancas de una sola pinza.

La huelga de subtes que la semana pasada colapsó dos días la Ciudad es consecuencia directa de aquel error. El kirchnerismo se ha desentendido de la responsabilidad en un conflicto del que es parte primordial. La empresa Metrovías arguye que, por el pleito indefinido entre los gobiernos, carece de recursos para afrontar los reclamos salariales de los trabajadores. Los gremios le piden a Macri que se siente a negociar bajo amenaza de nuevas protestas. El Gobierno gastó una batería de palabras para cargarle al jefe porteño el fardo de los trastornos ciudadanos.

El kirchnerismo tampoco saldrá indemne frente al juicio social, aunque pareciera interesarle más la condena para el jefe porteño que el declive propio .

El otro paso en falso de Macri fue transformado por Noberto Oyarbide, con paciencia, en un futuro juicio oral. La causa refiere a escuchas telefónicas a través de una red comandada por el ex comisario Palacios que tenía de ariete al ex policía Ciro James, empleado del entonces ministro de Educación porteño, Mariano Narodowski. El juez terminó considerando a Macri integrante de una asociación ilícita.

¿Cuál sería su conexión con el espionaje? Escuchas contra su cuñado, el parapsicólogo Daniel Leonardo, de las cuales se hizo responsable judicialmente su padre, Franco.

La flojera argumental y la sobreactuación de Oyarbide, a esta altura, no podrían sorprender. La semana pasada el mismo magistrado ordenó la detención de los hermanos Sergio y Pablo Schoklender por el fraude con dinero público en la construcción de viviendas humildes, promovida por la Fundación Madres de Plaza de Mayo. La causa estuvo casi un año inmóvil y no existen señales hasta ahora de que Oyarbide oriente también alguna responsabilidad del delito hacia los funcionarios del Gobierno que distribuyeron aquellos fondos millonarios.

Pero la huella de la causa de Macri permitiría quizás atar otros pequeños cabos. La actuación de Oyarbide fue avalada por la misma Cámara Federal (Jorge Ballestero, Eduardo Farah y Eduardo Freiler) que aceptó recusar al juez Daniel Rafecas en el escándalo por Ciccone Calcográfica que acecha a Amado Boudou. El fiscal de la causa fue Jorge Di Lello. El funcionario judicial que también imputó a Boudou por enriquecimiento ilícito y que, por determinación de Ariel Lijo, tomó la investigación en el caso Ci ccone en lugar de Carlos Rívolo. Este fiscal amontonó una parva de pruebas contra el vicepresidente.

Lijo no pudo sustraerse a la presión del poder y vació a Rivolo. Lo hizo con un planteo a los ojos elegante pero de sustancia vidriosa. Preservó todas las pruebas del fiscal y unificó la causa en manos de Di Lello soslayando dos principios: la causa por enriquecimiento es posterior a la de Ciccone y la denuncia original nunca fue ratificada; no hay constancia jurídica de que la primera sea además más importante que la del escándalo Ciccone, donde existe una imputación por supuesto lavado de dinero.

Lijo habría quedado perplejo cuando revisó las pruebas acumuladas por Rívolo. No entiende por qué razón Boudou negó desde un comienzo su relación con Alejandro Vandenbroele, supuesto testaferro suyo y titular de Ciccone.

Todas las evidencias recogidas lo desdicen .

El vicepresidente comenzó esta historia asegurando que se trataba sólo de una mentira. Por esa mentira, Cristina debió avalar una de las mayores tropelías de un Gobierno democrático sobre el Poder Judicial. Fue tumbado el procurador Esteban Righi, recusado el juez Rafecas, apartado el fiscal Rívolo y condicionado Lijo.

Es probable que, de ese modo, el Gobierno y Boudou puedan ganar tiempo. Pero no podrán evitar el severo costo político que sobrevendrá cuando ese tiempo se haya extinguido.


Demasiadas pruebas acorralan a Boudou

Por Joaquín Morales Solá para el diario La Nación

Sólo quemando las pruebas que ya hay se podría cerrar la causa que investiga a Boudou. La frase, lapidaria y concluyente, pertenece a un funcionario judicial que investiga al vicepresidente. Los papeles están. Un grupo de chambones dejó sus huellas a lo largo de toda la operación para apropiarse de la ex Ciccone.

El nuevo juez de la causa, Ariel Lijo, ya no podría hacer mucho si quisiera salvar al vicepresidente. Sólo le queda la administración de los tiempos. Su margen se agota en acelerar o frenar. El nudo central de la cuestión era probar la relación entre Boudou y el presidente de la imprenta de billetes, Alejandro Vandenbroele. Los dos han negado siempre que se conocieran. La relación está ahora probada en la Justicia.

No es sólo la voluntad de Lijo la que intercede en la causa. Varios jueces federales (Lijo está entre ellos) suelen frecuentar a miembros de la Corte Suprema de Justicia. La Corte viene pidiendo a los jueces federales "imparcialidad". Es decir, que no se dejen llevar por las presiones políticas que el Gobierno aplica con buenas y con malas artes en la Justicia. El anterior juez de la causa, Daniel Rafecas, también fue un interlocutor de los máximos jueces del país. Quizá por eso hubo dos Rafecas: el primero, que le daba consejos a la defensa de un sospechoso, y el último, que ordenó gran parte de las medidas probatorias que acorralan al vicepresidente.

La mayoría de los jueces de todas las instancias está fatigada por lo que llama la "era del terror". El fastidio llego a la propia Corte porque sus sentencias no se cumplen ni siquiera en los casos de los jubilados. El "terror" se extiende con otras amenazas: el Gobierno prometió que les sacará a los jueces el 82 por ciento móvil de las jubilaciones y que los hará pagar el impuesto a las ganancias.

El kirchnerismo considera jubilaciones de privilegio lo que debería ser un sistema universal de jubilaciones. Los jueces no pagan impuestos a las ganancias porque están obligados a vivir sólo de lo que ganan como magistrados (cuando son honestos). Es lo que garantizaría su independencia. La Corte percibió ya ese clima de temor y enojo entre jueces de instancias inferiores. Hay otra deducción que no se dice: el máximo tribunal del país no puede hacerse cargo, solo, de ponerle límites a un gobierno que va por todo.

El Gobierno no le perdonó a Rafecas su giro en el aire. Rafecas fue fusilado por el kirchnerismo , dijeron importantes fuentes judiciales. Rafecas estaba ideológicamente más cerca del Gobierno que Lijo, que viene de una familia peronista ortodoxa del conurbano bonaerense. Lijo lo apartó al fiscal Carlos Rívolo, que fue quien juntó todas las constataciones que hay, pero no modificó el respeto que siente por el fiscal caído. El propio Rívolo deslizó, en público y en privado, palabras de comprensión hacia Lijo. No tenía otra alternativa que hacer lo que hizo , suele repetir. El juez estaba bajo presión política, por un lado, pero también existía una resolución de la Cámara Federal más cercana al oficialismo, que ya había cuestionado a Rívolo sin que nadie le pidiera su opinión.

¿Te puedo dar un consejo? , le preguntó a Lijo un viejo amigo con el que se cruzó. Sí , le respondió el juez. No te incineres por esta causa, a pesar de las presiones. No vale tanto , le señaló. No lo haré , le contestó, seguro, el juez. El amigo le estaba dando el mismo consejo que Lijo recibió de jueces de la Corte Suprema: ocultar arbitrariamente los presuntos delitos de funcionarios podría arrastrar su prestigio y su carrera como magistrado. Podría hundir también el prestigio de toda la Justicia.

El Gobierno temía una sola cosa de la continuidad de Rívolo y era que éste terminará pidiendo en un plazo breve la declaración indagatoria del vicepresidente. La citación a indagatoria lo colocaría a Boudou en las puertas del procesamiento. La Justicia puede llegar hasta ahí, que ya sería ir muy lejos, porque más allá está la prisión. Los fueros protegen al vicepresidente de la cárcel. Boudou no corre el riesgo de la prisión, sino de convertirse en el ojo del huracán de un monumental escándalo político.

¿Se equivocaba el Gobierno con aquel temor sobre Rívolo? Dicen que no. El fiscal ya había empezado a garabatear los primeros borradores del pedido para que lo citaran a indagatoria. Rívolo es reconocido como un experto técnico de la Justicia y como un hombre honesto. Es improbable, por lo tanto, que haya iniciado esos bosquejos sin contar con elementos suficientes. Los tenía. Son los mismos que ahora están en la causa que controla Lijo. ¿Se incineraría Lijo sepultando el peso de esas pruebas? Hay que remitirse a aquella respuesta a un amigo: No lo haré .

¿Qué pruebas hay? Boudou dice que no lo conocía a Vandenbroele, pero éste pagó expensas, servicio de televisión por cable y teléfono fijo del departamento de Boudou. El departamento estaba alquilado a nombre de una persona que no vive en el país. Boudou debió hacer un trámite personal ante Telefónica para colocar su teléfono fijo a nombre de Vandenbroele. Así es el reglamento. ¿Y, sin embargo, no lo conocía?

La empresa controlante de Ciccone, la enigmática The Old Fund, pagó decenas de pasajes aéreos a amigos y familiares de Boudou, decidido a darse todos los gustos en vida. El resto de los argentinos no sabe de quién es The Old Fund ni quién está manejando la fabricación de los pesos. ¿Cómo pedirles después a los argentinos que confíen en su moneda nacional? ¿Cómo reclamarles porque se refugian en el dólar?

¿Cómo es Boudou? , le preguntó un antiguo peronista a un senador con muchos años de senador y de justicialista, convertido ahora al kirchnerismo. Es todo lo que a vos y a mí no nos gusta de la política , le respondió el senador, seco y sugerente.

El nuevo fiscal, Jorge Di Lello, es otro peronista orgánico, capaz de mirar para otro lado cuando advierte una travesura en la administración de los fondos de una campaña electoral de su partido. Los que lo conocen aseguran que nadie le puede pedir mucho más que eso. Tiene fama de hombre austero. De todos modos, ya hizo su aporte a la desgracia de Boudou: lo acusó de un delito más grave que el que tramitaba Rívolo. Di Lello lo acusó de enriquecimiento ilícito, mientras Rívolo lo investigaba por tráfico de influencias.

El diablo se esconde en los detalles. Di Lello abrió una causa nueva contra Boudou, pero el juez Lijo terminó pidiendo más pruebas que las requeridas por el propio Di Lello, como la apertura del secreto bancario para las cuentas del vicepresidente y de los otros imputados. En las dos causas unificadas ahora será Lijo quien llevará adelante la investigación y no Di Lello. En la etapa anterior era el fiscal Rivolo, por delegación de Rafecas, quien estaba a cargo de la investigación. Lijo validó, además, todas las pruebas reunidas por Rívolo.

El Gobierno tiene todavía un reaseguro: la Cámara Federal, integrada por los jueces Ballesteros, Farah y Freiler, que es la instancia que revisará las decisiones de Lijo. Aquella Cámara fue siempre proclive a conformar al Gobierno. Es la misma Cámara que confirmó el procesamiento de Mauricio Macri por el caso de las escuchas telefónicas. La única conexión real de Macri con esa causa consiste en que estaba intervenido el teléfono de su cuñado, aunque su padre certificó ante la Justicia que él había pedido ese seguimiento.

El otro elemento fuerte de la causa es la intervención del teléfono de Sergio Burstein, dirigente de los familiares del atentado a la AMIA, pero eso forma parte de una vieja pelea de éste con el entonces jefe de la Policía Metropolitana, el comisario Jorge "Fino" Palacios. La designación de Palacios fue un error político de Macri, pero eso no es territorio de los jueces.

El caso que compromete a Macri, a quien el infaltable juez Oyarbide podría mandar a juicio oral, no carece de hipocresía. Cualquier escucha telefónica es condenable. Pero ¿dónde está la novedad? Hasta funcionarios y legisladores oficialistas están seguros de que sus teléfonos son intervenidos por los servicios de inteligencia del gobierno nacional. Las escuchas forman parte de la vida de dirigentes opositores y de periodistas. En la causa contra Macri no hay sindicalistas ni empresarios ni políticos opositores ni periodistas.

Nunca, como ahora, la Justicia estuvo tan impregnada por los servicios de inteligencia. Esa es una aseveración que se escucha en la cumbre y en el llano de los tribunales. Funcionarios judiciales que trabajan en el caso Boudou fueron víctimas de detestables operaciones de espionaje. Esa es otra prueba de "la era del terror" que se abatió sobre los jueces.

Todo forma parte de lo mismo. El esfuerzo del Gobierno para salvar al vicepresidente es conmovedor. El propio Boudou, su ligereza y sus huellas, impiden su salvación.



De Menem a Boudou, corrupciones comparadas

Por Mariano Grondona para el diario La Nación

En enero de este año, el vicepresidente Boudou gozaba de una imagen positiva del 56 por ciento contra un 23 por ciento de imagen negativa, pero en abril estas cifras se revirtieron puesto que, al preguntárseles a los ciudadanos si consideraban a Boudou culpable o inocente en el caso Ciccone, mientras que el 32 por ciento de los encuestados lo creía culpable, un 35 por ciento tenía dudas sobre su comportamiento. El 67 por ciento de los encuestados pasó a tener así una imagen más o menos negativa de Boudou, y estas cifras se seguirían agravando en las encuestas de mayo, en tanto que del 15 por ciento que aún lo creía inocente, una alta proporción correspondía al segmento juvenil femenino. Esta cuenta contrasta fuertemente con el leve desgaste en la imagen de la Presidenta, quien ha descendido del 54 por ciento de aprobación obtenido en las elecciones de octubre de 2011 al 41 por ciento actual. Los números que aquí consignamos reflejan el promedio entre las principales consultoras de opinión, lo cual explicaría por qué, en lugar de dejar a Boudou en la Presidencia durante su viaje relámpago a Angola, Cristina confió el sillón de Rivadavia a la presidenta provisional del Senado, Beatriz Rojkés de Alperovich, tercera en la línea de sucesión, mientras el vicepresidente viajaba a Suiza.

En tanto que el suave descenso de Cristina podría reflejar un desgaste natural cuando se pasa de las promesas electorales a la realidad, la abrupta caída de Boudou en las encuestas parece estar ligada al escándalo Ciccone, del que recibimos noticias cada día más graves. Estos números reflejan por su parte el cumplimiento de una ley que podríamos formular del siguiente modo: cuando la economía se enfría, y sólo cuando se enfría, renace un tema que, en tiempos de bonanza, la opinión pública tiende a relegar. Estamos hablando de la corrupción . Menem, para tomar un ejemplo, gozaba de una alta opinión favorable que le valió su holgada reelección en 1995, pero ya hacia el fin de su segundo mandato, en 1998, las acusaciones de corrupción que lo acechaban empezaron a multiplicarse junto con el enfriamiento económico que llevó a Eduardo Duhalde a la derrota y a Fernando de la Rúa a la victoria en las elecciones de 1999. Un gobierno sospechado puede sobrellevar las denuncias de corrupción cuando la economía parece marchar viento en popa, pero no puede resistir el aguijón de la sospecha en un período de vacas flacas. Hay diferencias entre el declive de Menem en 1999 y el ocaso de Boudou en 2012, sin embargo, que conviene destacar.

Cristina y Boudou
Cristina cuenta por lo pronto con algo que Menem nunca tuvo: tiene un fusible. A Menem nunca le importó contrarrestar las sospechas de corrupción que al fin determinaron la reversión de su imagen. Hacia 1995, cuando promovió la reforma de la Constitución para obtener un segundo período de gobierno, acertó al calcular que los débiles instintos republicanos que todavía nos caracterizan no serían, para él, una valla infranqueable. En 1993, así, después de ganar una elección intermedia lanzó su propuesta reeleccionista. Acertó de este modo dos veces, no sólo al apostar a su popularidad sino también al prever el carácter "seguidista" del peronismo, que ha caracterizado al radicalismo desde el advenimiento de Perón. El abrazo de Perón y Balbín al comenzar los años setenta, si bien era en sí mismo un acontecimiento favorable a las instituciones, giraba en torno de lo que el propio Balbín proclamó con aquel abrazo, "el que gana gobierna y el que pierde ayuda", fijando de este modo el rol de "no ganador" al que se resignó el radicalismo, un papel que Alfonsín confirmó en el famoso Pacto de Olivos con Menem y que el radicalismo actual prolonga cada vez que se somete al kirchnerismo en el Congreso.

El pueblo judío enviaba al desierto un cabrito al que cargaba con las culpas cometidas, para liberarse de ellas. Hace tiempo que esta costumbre ha dejado de ser religiosa para convertirse en política. Habría que aconsejar entonces a los gobernantes que siempre tengan a mano un "chivo expiatorio" que los alivie de acusaciones que, en caso contrario, podrían abrumarlos. Insensible ante las acusaciones de corrupción que pesaban sobre él por sentirse, quizás, invulnerable, Menem nunca contó con la reserva de un favorito sacrificable, por si su suerte cambiaba. El gobernante exitoso suele creer que su fortuna es eterna. A lo mejor Cristina pensaba lo mismo, pero he aquí que aquel a quien se tenía por su favorito, puesto que lo había elegido para acompañarla sin consultar a nadie, se ha prestado alegremente para tapar con su propia sospecha de corrupción toda otra que podrían endilgarle a la Presidenta.

Los gobernantes no suelen advertir a tiempo que el humor del pueblo es cambiante y que conviene por ello tener a mano un culpable sustituto para cuando el ánimo popular haga clic , convirtiéndose en desfavorable. En tiempos de "vacas flacas", el papel de este portador de culpas es esencial. Por designio o por casualidad, Cristina lo tiene. Esto le da una protección suplementaria contra el desgaste de la cual nunca gozó Menem. La pregunta que cabe consignar aquí, entonces, es si el enfriamiento de la economía que ya se anuncia marcará un clic en la imagen del Gobierno similar al que padeció en su momento Menem, pero Cristina, ahora armada con el Boudou que nunca tuvo su antecesor, ¿podrá postergar indefinidamente su propio desgaste? Este anunciado clic , por otra parte, ¿realmente se avecina o es, apenas, una ilusión de los opositores?

Sin contrapeso
Además de contar con el chivo expiatorio que nunca tuvo Menem, Cristina dispone de una ausencia que no bendijo a su antecesor: el mutis de la oposición. No olvidemos que, frente al menemismo, la alianza entre los radicales de Alfonsín y el Frepaso de Chacho Alvarez pudo vencer a Duhalde en las elecciones de 1999. Es verdad que esta conjunción se mostró después incapaz de gobernar, pero aun así su presencia bastó para interrumpir al menemismo. Hoy no existe ni el pálido reflejo de una alianza opositora. Cuando Cristina fue reelegida el año pasado, ¿hubo acaso alguna formación electoral que la desafiara seriamente? Es posible por lo tanto que en las próximas elecciones, aun cuando el desgaste de Cristina desborde el "paraguas" que le ofrece Boudou, ninguna otra fuerza opositora pueda ofrecerle al país una alternativa. Es que el 54 por ciento que obtuvo Cristina el año pasado, aunque decayera, todavía sería contundente si, del otro lado, la oposición brillara por su ausencia. Ganar, para ella, no fue en 2011 ganarle a alguien sino ganarle a nadie, dada la dispersión de sus opositores. Si esta dispersión continúa en 2013 y en 2015, ¿habrá quiénes sepan superarla?

Aun si las defensas de Cristina que hemos anotado resultaran insuficientes frente al clic de la opinión pública que algunos anticipan, ¿de dónde podría venir una oposición valedera? ¿O la política, con sus impensados giros, puede dar siempre una sorpresa? Decía Stuart Mill que hasta el gobierno más autoritario necesita al menos la opinión favorable de los jenízaros que lo custodian. Los jenízaros camporistas, ¿serían capaces de sostener al Gobierno por sí solos en medio del enfriamiento de la economía? Llevado por su desesperación ante la sequía de dólares que lo acecha, ¿cometerá todavía este gobierno, bajo la dudosa inspiración de Kicillof y de Moreno, actos desesperados que podrían reducir aún más sus menguantes posibilidades? El futuro, por definición, es lo que está abierto. Por eso no es irrazonable esperar que el pueblo argentino, finalmente, dé de sí.