Una multitud despidió al "alma de la fiesta" en Icaño, a su querida esposa Elsa y su hijo Marcelo.
La tarde de este viernes no fue una más para la localidad de Icaño. En un clima de profundo dolor, pero también de inmenso reconocimiento, la comunidad se volcó a las calles para despedir a Roberto De la Silva, su esposa y su hijo, quienes perdieron la vida en un trágico accidente sobre la Ruta Nacional 34.
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Los restos de la familia fueron depositados en el cementerio local ante una multitud conmovida que desafió el silencio con aplausos y lágrimas. Roberto no solo era un vecino querido; era una figura central en la cultura popular de la región, reconocido por su incansable labor como representante de artistas y organizador de grandes eventos bailables que marcaron épocas.
Como no podía ser de otra manera, el arte que Roberto tanto defendió estuvo presente en su partida. Músicos de toda la región se acercaron para rendirle tributo. Entre acordes de guitarras y canciones que alguna vez él mismo ayudó a difundir, sus colegas y amigos le dieron el último adiós.
"Se va un hombre que vivía para la alegría de la gente. Roberto no solo organizaba bailes, construía puentes para que los artistas locales cumplieran sus sueños", expresó uno de los músicos presentes entre la multitud.
El trágico suceso ocurrido en la Ruta 34 ha dejado una herida abierta en el sudeste santiagueño. La imagen de la familia De la Silva será recordada por su calidez y por ese empuje característico que transformaba cualquier jornada en una celebración.
Hoy, Icaño llora una pérdida irreparable, pero la música que sonó en la tarde de este viernes asegura que el legado de Roberto seguirá vivo en cada escenario y en cada pista de baile que él supo soñar.