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Vladimir Putin restringe el acceso al internet y profundiza el control estatal sobre la vida cotidiana

Desde marzo, el gobierno de Vladimir Putin aplica bloqueos masivos en Moscú y otras ciudades, limitando servicios digitales y el acceso a información independiente bajo el argumento de seguridad frente a ataques externos.

Hoy 15:41

La restricción masiva del acceso a internet móvil en Moscú y otras ciudades rusas marca un nuevo punto de inflexión en la política de control social bajo el gobierno de Vladimir Putin. Desde principios de marzo, los ciudadanos han experimentado bloqueos generalizados en servicios esenciales como pagos digitales, aplicaciones bancarias, sistemas de mapas, plataformas educativas y mensajería privada. Estas restricciones no solo afectan la vida diaria, sino que buscan limitar la capacidad de los rusos para informarse y comunicarse fuera de los canales aprobados por el Estado.

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El Kremlin ha pasado de censurar sitios web específicos a bloquear casi todo el acceso al internet móvil, mientras elabora listas blancas con los pocos servicios permitidos. Solo aplicaciones seleccionadas —como plataformas de entrega de comida o sistemas de pago de impuestos— permanecen accesibles, mientras la información independiente y los canales de mensajería global sufren bloqueos sistemáticos. El argumento oficial es la protección ante posibles ataques con drones ucranianos, pero la censura se extiende incluso a ciudades sin actividad militar reciente.

“Está intentando modificar el comportamiento de la gente; no se trata de que no accedan, sino de reeducarles en la manera en la que usan internet”, sostvo Andrei Soldatov, analista ruso en el exilio y coautor de The Red Websegún, citado por el diario El Mundo.

Soldatov detalla que la estrategia del Kremlin combina omnipresencia y ambigüedad, lo que genera un clima de incertidumbre en la población: el Estado puede saberlo todo, pero nadie conoce con precisión dónde termina la tolerancia oficial.

La transformación digital del control estatal ruso tiene paralelismos históricos. Durante la era soviética, el Estado intentaba controlar las fotocopiadoras para evitar la difusión de publicaciones clandestinas. Hoy, el teléfono móvil cumple ese mismo rol como herramienta de socialización y acceso a información alternativa, por lo que se ha convertido en el objetivo principal. El control sobre los móviles permite a las autoridades aislar a los ciudadanos y reducir su exposición a narrativas no oficiales.

Pero el impacto de las restricciones se extiende más allá de la esfera política. Los cortes de internet afectan pagos electrónicos, servicios de taxi, envíos, correo electrónico, acceso a plataformas educativas y comunicaciones familiares. Desde el 5 de marzo, el centro de Moscú sufre desconexiones recurrentes, lo que obliga a los habitantes a buscar alternativas para tareas cotidianas.

“Llevamos un año con interferencias en el GPS, así que hay que trazar el itinerario con antelación de la manera tradicional y usar las señales”, comentó al diario español Alexander Isavnin, activista y defensor de las libertades digitales en Rusia. Relató, además, cómo tuvo que abandonar el centro de Moscú para poder actualizar su correo electrónico, una experiencia que ilustra el alcance de la desconexión: “Incluso en la oficina municipal no había internet; en el café de la esquina, tampoco. Pero en cuanto salías fuera del anillo [la calle que circunvala el centro de Moscú] la conexión regresaba”.