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Instituto le ganó a Deportivo Riestra y se acercó a puestos de playoffs

La Gloria se impuso por 1 a 0 ante el Malevo en el Guillermo Laza, en un partido correspondiente a la fecha 14 del Torneo Apertura.

Hoy 17:00

Demasiado duro. La frase cae justo para el presente de Deportivo Riestra, que volvió a tropezar en el Estadio Guillermo Laza y ya no hay forma de disimularlo: 13 fechas sin victorias y una racha que empieza a transformarse en una pesada carga. Ni el cambio de aire con Guillermo Duró —apenas dos partidos en el banco— logró torcer una historia que se repite sin matices cada fin de semana. Caída por 1 a 0 ante Instituto

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Esta vez, al menos, hubo intención. Riestra cambió el esquema, quiso ser protagonista, se animó a tener más la pelota y adelantó líneas. Pero cuando tuvo que dar el golpe, volvió a quedarse sin ideas en ataque. Y ahí apareció el viejo vicio que tanto resultado le dio el año pasado: centro, centro y más centro. Previsible. Es un equipo que empuja, sí, pero que no sabe cómo lastimar. Así, la tarea fue sencilla para la defensa de Instituto.

Del otro lado, Instituto hizo todo más simple: orden, solidez e idea clara. Y con un factor que hoy marca la diferencia: jerarquía en los metros finales. Porque cuando la pelota pasa por Gastón Lódico o Alex Luna, algo distinto sucede.

El 1-0 fue una síntesis perfecta. Lódico levantó la cabeza y metió un pase quirúrgico. Desborde, centro atrás y aparición de Luna, que atacó el espacio como un nueve de raza para anticipar a Arce y definir. Gol. El quinto en el torneo para un extremo que atraviesa un gran momento.

A partir de ahí, Riestra fue puro impulso. Más ganas que juego, una constante durante todo el Apertura. Tuvo una clara: Jonathan Herrera quedó mano a mano, buscó definir por arriba y se encontró con una enorme respuesta de Manuel Roffo, que salvó con un manotazo clave. Era esa. No hubo otra para un equipo que se hunde.

El cierre no trajo sorpresas: otra derrota, otro golpe. Último en la Zona A y sin respuestas a la vista, Riestra se pierde en su propio laberinto. Instituto, en cambio, suma, se acomoda y empieza a creer. Porque mientras uno sigue en caída libre, el otro ya mira cada vez más arriba.