Al llegar el COVID-19, el sarampión ya había infectado al menos a 30.000 personas y causado la muerte de más de cien, en su mayoría niños pequeños o bebés, en todo el continente. Ahora bien, la enfermedad aún no es tan frecuente en la zona como lo era en el siglo XX, previo a las campañas de vacunación. Por entonces, lo habitual eran 200.000 casos al año.
El último brote comenzó en Canadá por octubre de 2024, durante una boda luego de que un invitado viajara infectado desde Tailandia. A principios de 2025, el virus se había propagado a menonitas en Texas, EEUU, y México.
En Canadá y EEUU, el brote se limitó en gran medida a la comunidad menonita, conocida por su rechazo a la vacunación. Sin embargo, en México y otros países más pobres de América, la disminución de los programas de vacunación expuso a la población general a la infección. A modo de comparación, en 2014 cerca del 96% de los niños mexicanos recibieron una segunda dosis contra el sarampión, superando el 95% necesario para la inmunidad colectiva.
Diez años después, para 2024, esa cifra era inferior al 70% y muchos otros países latinoamericanos siguieron la misma tendencia durante ese período. Eso llevó al sector latinoamericano a pasar de tener una de las tasas de vacunación infantil más altas del mundo a una de las más bajas.
El retroceso tiene varias causas. Primero, la llegada del COVID-19 implicó la desviación de personal de los programas de vacunación a atender esta emergencia y los gobiernos de México, la Argentina y Brasil recortaron sus presupuestos para la vacunación infantil desde entonces. Por otro lado, la creciente reticencia a las vacunas influye más en los países ricos: en Canadá, la tasa de vacunación infantil cayó del 86% al 79% en la última década.
Ahora bien, en medio de un brote, el rastreo de contactos puede prevenir una mayor propagación, mientras que las campañas de vacunación suelen tener una alta participación de padres preocupados. A largo plazo, el especialista Daniel Salas, de la OPS, afirmó en The Economist que modernizar la infraestructura de inmunización es fundamental.
Actualmente, solo 19 de los 35 países que abarca la OPS cuentan con algún tipo de registro electrónico de inmunización que pueda alertar a los padres cuando sus hijos deban vacunarse. En paralelo, la voluntad política es fundamental y un modelo a seguir es Uruguay, el primer país latinoamericano con un registro de vacunación.
"Cuentan con una buena vigilancia y un compromiso político que nunca flaqueó en su prioridad por la prevención de enfermedades prevenibles", afirmó el Dr. Jon Andrus, también de la OPS y recalcó que la Argentina, con tasas caídas drásticamente bajo la gestión libertaria, corre el riesgo de un brote explosivo.