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Una investigación con más de 23.000 participantes analizó la relación entre la cantidad de hijos y el bienestar emocional de los padres.
Durante años, la psicología intentó responder una pregunta que genera debate dentro y fuera de la ciencia: ¿tener hijos hace más felices a las personas?. Aunque muchas investigaciones analizaron el vínculo entre la paternidad y el bienestar emocional, un estudio reciente puso el foco en un aspecto diferente: la distancia entre la cantidad de hijos que una persona deseaba tener y la cantidad que finalmente tuvo.
Los resultados, publicados en la revista científica Journal of Personality, sugieren que la felicidad parental no depende tanto de un número determinado de hijos, sino de cuánto coincide la realidad con los proyectos y expectativas de cada familia.
La investigación fue liderada por la científica Laura Buchinger, de la Universidad de Berlín, y utilizó datos del Panel Socioeconómico Alemán, uno de los relevamientos sociales más amplios de Europa.
En total, participaron más de 23.000 voluntarios, quienes respondieron cuántos hijos les habría gustado tener idealmente y cuántos tenían en la práctica.
A partir de esa información, los investigadores clasificaron a los participantes en distintos grupos:
Los resultados revelaron que la mayoría de los grupos presentaba niveles de bienestar psicológico relativamente similares.
Incluso quienes tuvieron menos hijos de los que deseaban no mostraron diferencias significativas en su satisfacción con la vida respecto del resto de los participantes.
Sin embargo, hubo una excepción clara: los padres que tuvieron más hijos de los que originalmente querían reportaron niveles más bajos de bienestar emocional.
Según los investigadores, este efecto apareció de manera consistente en diferentes edades y etapas de la vida.
El estudio no identificó una causa única, pero los especialistas plantean varias hipótesis.
Entre los factores que podrían influir aparecen:
La crianza demanda recursos, energía y tiempo. Cuando el número de hijos supera lo que una familia había imaginado o planificado, esas exigencias pueden generar un impacto emocional más intenso.
Otro hallazgo interesante fue que las personas mayores que deseaban tener hijos y no pudieron también mostraron una reducción del bienestar, aunque ese efecto apareció principalmente con el paso de los años.
Además, variables como la religión o ciertas normas sociales no modificaron significativamente los resultados.
Para los autores, la principal conclusión es que los deseos personales y las expectativas familiares juegan un papel central en la relación entre la paternidad y la felicidad.