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Opinión y Actualidad

En 2027, al partido lo definen los anti (otra vez)

Terminado el Mundial, la política se dedicará a lo que realmente le interesa: las elecciones presidenciales del año que viene. Cómo está parado cada uno.

Hoy 07:00

Por Pablo Vaca
Para Clarín

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Cuesta cambiar el chip. Sacarse la pelota de la cabeza. Tantas endorfinas generadas en ocho partidos provocan acostumbramiento. Pero el Mundial terminó, y más allá de unos días de transición, cuando se vaya de una vez ese sabor agridulce que dejó el subcampeonato la política ya no disimulará que lo único que le interesa es la carrera por triunfar en 2027.

En esa competencia, el Gobierno lleva la iniciativa. Por varias razones. Primero, ya sabe quién será su candidato, detalle no menor. La gente, además, también sabe que Javier Milei se presentará a su reelección. Está instalado, otro detalle no menor.

Luego, el oficialismo trabaja en dos frentes simultáneamente. Uno es la propia ingeniería electoral. Por ahora la reforma que impulsa no cuenta con los votos necesarios en el Congreso. El canje de habilitar colectoras a cambio de suspender las PASO no termina de convencer a los suficientes gobernadores, dueños de la llave que abre el Senado.

En la Rosada, donde Karina Milei y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, arman la rosca, no se dan por vencidos. Apuestan a que, al menos, las primarias dejen de ser obligatorias o sean suspendidas. Estiman que sin ese instrumento al peronismo le resultará más complicado ir con un candidato único.

El segundo rubro en el cual el Gobierno pone sus fichas es la economía. Especialmente, en la baja de la inflación. Todo índice que comience con 1 será festejado.

El problema es si esto le alcanza.

Cuando en pleno Mundial Lionel Messi habló de hacer felices a quienes “no llegan a fin de mes”, no hizo más que reflejar el anverso de la moneda de la economía comandada por Luis Caputo. Una cosa es que los precios no suban -o suban poco- y otra es que de todos modos sigan siendo elevados para unos salarios que no repuntan.

En resumen, el Gobierno no está para tirar manteca al techo. No le sobra nada y el tope para Milei que reflejan las encuestas debería preocuparlo. Tanto como vigilar que no le salte ningún otro Adorni, que le costó carísimo.

Por supuesto, cuenta a su favor una enorme circunstancia más: juega contra un rival desorientado. Porque el peronismo tiene un candidato que no mide mal, Axel Kicillof, pero es el propio peronismo el que no define si llevará al gobernador bonaerense en su boleta.

No es irrelevante la cuestión de que su líder principal, la expresidenta Cristina Kirchner, le ha bajado el pulgar desde su hogar/celda de San José 1111.

A la oposición también le queda por definir otro tema importante: cuál sería su propuesta. Por ahora, basa su accionar en el rechazo a cada iniciativa del Gobierno. Pero en algún momento deberá anunciar qué haría de volver a la Rosada.

El  problema de desandar el camino abierto por Javier Milei es que al final aparece la administración de Alberto Fernández y Sergio Massa. No sería el mejor eje de campaña.

Un actor más, el PRO, puede ser determinante en las próximas elecciones. Su conflicto -entre otros- consiste en que ya sabe qué hará su electorado. Puestos a elegir, sus votantes priorizarán a Milei por sobre cualquier candidato con olor a K.

Porque en 2023 lo que definió realmente el balotaje fue el antikirchnerismo. Habrá que ver cuánto de aquello queda vivo el año que viene. Pero podría pasar al revés: que esta vez las cosas las decidan el volumen al que llegue el antimileísmo.