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Opinión y Actualidad

Crítica de "Pequeños profetas"

Mackenzie Crook convierte en ‘Pequeños profetas’ la vida mohína de un hombre en una fantasía británica sobre la soledad, la alquimia y la esperanza.

Hoy 06:56
Pequeños profetas

Por Joan Pons
Para Fotogramas

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Las mejores series del año no tienen un país de procedencia fijo: pueden salir de cualquier parte. Pero las más extravagantes y sorprendentes sí suelen tener siempre el mismo origen: todas son británicas. 'Pequeños profetas' puntúa en ambas categorías. La segunda serie como showrunner de Mackenzie Crook (el actor que interpretaba a Gareth en la 'The Office' original) cuenta la vida mohína de un gualtrapa llamado Michael Sleep: trabaja en una gris tienda de bricolaje, visita a su padre (ni más ni menos que Michael Palin) en la residencia y confía en encontrar algún día a su mujer desaparecida.

A Kind of Magic

Todo este escenario de kitchen sink drama se altera el día en que decide poner en práctica una extraña receta alquímica de su padre. Ahí es cuando 'Pequeños profetas' deja de ser una sadcom notable para convertirse en… ¿realismo social mágico? Cuesta decir si estamos ante la adaptación de 'Muñecos infernales', de Tod Browning, que hubiera hecho Mike Leigh, o si es más bien un 'Milagro en Milán' según Terry Gilliam ('Milagro en los suburbios de Manchester' podría ser). Crook demuestra tener mano tanto para el storytelling de observación como para el de imaginación. Por eso esta es una serie con tanto encanto, entendiendo la palabra en su sentido paranormal y en el afectivo. Melancólica y estrafalaria, cálida y loser, humanista y fantasiosa, 'Pequeños profetas' nos chiva que debajo de una realidad de mierda puede esconderse la maravilla. Mira bien.

Para almas hipersensibles que necesitan un empujón para creer en el futuro.