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Opinión y Actualidad

Crítica de "Cazafantasmas: apocalipsis fantasma", la saga regresa a una Nueva York plagada de nostalgia

El film de Gil Kenan vuelve a la Nueva York que convive con fantasmas de todo tipo y recupera a los incombustibles Dan Aykroyd y Bill Murray.

25/03/2024

Por Fausto Fernández
Para Fotogramas

Que el latón sea la clave para salvar, nuevamente a la ciudad de Nueva York de una, nuevamente, amenaza demoníaca cuyos orígenes se pierden en los lovecraftianos primigenios albores de la Tierra, y no algún avance tecnológico o un arcano forjado en un metal precioso, desvela la clara intencionalidad, tan humilde como radical, de ‘Cazafantasmas: apocalipsis fantasma’. La (lógica dada la ídem de la causa efecto de un éxito en taquilla) continuación de ‘Cazafantasmas: Más Allá’ no recurre al oro (léase la réplica del clásico seminal de 1984… cuarenta años ya para flashback de cincuentones) y sí al latón (léase la menos apreciada ‘Cazafantasmas II’).

Secuela/reboot de la contestada segunda parte de la franquicia, la película de Gil Kenan vuelve a una Nueva York que convive con naturalidad con fantasmas, políticos, medios de comunicación y una población tan acostumbrada a lo imposible e inesperado como sus homónimos en las películas de Spider-Man. ‘Cazafantasmas: apocalipsis fantasma’ recupera los líos con el ayuntamiento (un gag recurrente de la saga, aunque sin profecías apocalípticas sobre perros y gatos apareándose entre ellos) y con ellos a un William Atherton que es, de largo y junto a Bill Murray, lo más notable del film. Tira asimismo de una entidad lovecraftiana que no deja de ser tan petulante como el Viggo de ‘Cazafantasmas II’ y cuyo diseño apuesta por la iconografía disneyana (el segmento ‘Noche en el Monte Pelado’ de ‘Fantasía’) pero que no desentonaría en el imaginario y el folclore vascos de nuestro Paul Urkijo.

Sin embargo, metrópoli neoyorquina azotada por el Apocalipsis aparte, si el largometraje es el asumido latón que fuera ‘Cazafantasmas II’ lo es por sus diversas tramas que van y vienen sin importar demasiado a la postre, y por dejar que sea el público, el fan, quien llene los agujeros de guión y empuje a la película con su familiaridad y amor por los personajes. Muy poco importan aquí el demonio astado amo del hielo, un clímax con la Gran Manzana bajo cero digno de cualesquier catastrofismo cinematográfico de Roland Emmerich o el ligero dramita paternofilial: lo que sí importa es completar la letra de la canción mítica de Ray Parker Jr. utilizada como diálogo, los cameos espectrales (especialmente el de la biblioteca) y que todo remita a la insuperable obra maestra de 1984.

Dedicada a Ivan Reitman (y con ese guiño de llorar de la emoción a su ‘Mujeres caníbales’ setentera), ‘Cazafantasmas: apocalipsis fantasma' clona el estilo de los Reitman de latón (entre ellos la también a reivindicar 'Evolution': el laboratorio de estudio de ectoplasmas), deja hablar a los actores y prefiere no pulir la mayoría de las situaciones cómicas fiándolo todo al carisma de sus estrellas, sean Dan Aykroyd o un Bill Murray que no necesita nada más que arrojarle a un tipo bolígrafos a la cara y darse un lingotazo de whisky en una película que vigila la corrección política (esto sí que es una maldición) para que nos involucremos en una aventura que tiene tanto de crepuscular y nostálgica como de sensación de relevo hacia y para una generación amamantada con 'Stranger Things'.

Conserva la película, más allá de su menú vintage para los amantes de la franquicia, la impronta de su director y co-guionista (junto a Jason Reitman), Gil Kenan (con el majo descaro incluso de replicar al ‘Tiburón’ de Spielberg en la secuencia de la playa), algo que es un plus. Análogamente a aquella animada ‘Monster House’, un cuento triste con fantasma, la relación entre la quinceañera Phoebe (McKenna Grace) y el también joven espectro interpretado por Emily Alyn Lind es una tristísima historia alrededor de la muerte, de la eterna soledad que es la muerte y que solo una adolescente es capaz de comprender y empatizar con ella.

Como nosotros, algunos cincuentones ya, empatizamos con ‘Cazafantasmas: apocalipsis fantasma’ y comprendemos sus licencias, acaso pereza, porque es ver a Slimer, a los cada vez más gremlins marshmallows, a la vieja guardia en la estación de bomberos, en una Nueva York mágica desde siglos ha (el prólogo en la Sociedad de Aventureros, puro Lovecraft), y sonar el ‘Who ya gonna call?’ y no poder más que llamar a los Ghostbusters.