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Opinión y Actualidad

Starmer, aferrado al cargo pero sin prestigio ni poder

Si el primer ministro británico, Sir Keir Starmer, sobrevive esta crisis por la combinación del escándalo Epstein y el de su compinche Peter Mandelson, se decidirá en tres movimientos, cual sinfonía inconclusa.

Hoy 07:05

Por Guillermo Makin
Para Página 12

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El lunes 20 se dio el primer movimiento, en el que Starmer dio su versión culpando a funcionarios del Foreign Office en su comparecencia ante el Parlamento. Dijo que “pudieron” y “debieron” informarle que Mandelson no había superado el máximo control de seguridad antes de asumir el cargo de embajador de EE. UU. en febrero  de 2025. 

Starmer admitió que se  equivocó feo y pidió reiteradamente disculpas a las mujeres menores abusadas por el finado pedófilo Epstein. 

Cuando Starmer admitió que se le había ocultado a él como primer ministro y a todos los ministros y lo consideró algo “increíble”, la reacción de la Cámara de los Comunes fue funesta. Se dejaron oír gritos e improperios. Los diputados laboristas se mostraron entre serios y  demudados. 

Para la oposición conservadora y los liberal demócratas, Starmer debe renunciar. Fin del primer movimiento el 20 de abril. Quedó como un crédulo que no atinó a preguntar si Mandelson había sido aprobado por los procesos de seguridad usuales en casos de altos funcionarios, como es el de embajador británico en EE. UU.

El segundo movimiento de este melodrama en política británica se desarrolló el  martes 21 cuando el funcionario de más alto rango del Foreign Office, Sir Olly Robbins, prestó declaración ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de los Comunes. Convocado por la presidente de la Comisión, Dame Emily Thornberry, conocida adversaria política de Starmer. 

En este segundo movimiento, declaró ante la comisión de RREE de los Comunes; Sir Olly, se esperaba que explicara por qué Starmer lo echó. Se comentó que Sir Olly estaba furioso y no sería raro que la habitual  cautela de un alto funcionario fuera dejada de lado y Sir Olly se vengara revelando movidas comprometedoras para Starmer.

El tercer movimiento se desarrollará a partir de las revelaciones que hayan surgido el día 21 y se basará en la opinión de los laboristas descontentos que se formará en base a los dos primeros movimientos. Puede que el proceso sea más largo por razones que paso a explicar seguidamente.

La reputación ya dañada de Starmer ya estaba en crisis. Lo que se dijo el 20 más aquello que salió a la luz el 21 podría precipitar los acontecimientos o postergar el desenlace. 

Hay una serie de hechos que, de conjugarse, pueden prolongar la precaria situación de Starmer. El primer factor es que el anterior y desacreditado gobierno conservador que lo precedió a Starmer se deslegitimó con tantos cambios de primer ministro no surgido de una elección hecha por el electorado británico y escándalos varios. Es una situación que, aun con el descontento que rodea a Starmer, puede salvarlo. 

En segundo término, juega el factor de que no hay un sucesor dentro del Partido Laborista que sea visto/a como una sucesión potable y obvia. Es una situación muy parecida a la ausencia de claridad y definición en el peronismo en Argentina. 

Esta crisis política británica tiene lugar mientras transcurre una guerra iniciada conjuntamente por Israel y los EEUU, liderados por un presidente como Trump que hizo campaña arguyendo que las guerras de nunca acabar no debían iniciarse. Defenestrar a Starmer puede ser visto como peligroso en este crítico contexto mundial.

El rey Carlos III viajará en visita de Estado a Washington el 27 de abril. Tras hablar ante el Congreso y reunirse varias veces con Trump, conocido por lo cholulo ante la monarquía británica, también puede contribuir a prolongar la precaria situación de Starmer.

Otro factor que puede prolongar la agonía del premier son las elecciones locales del 7 de mayo en los municipios británicos que, según las encuestas, serían catastróficas para Starmer por las reiteradas idas y vueltas mal vistas por el electorado.

Todo lleva a pensar que Starmer tiene los días contados. Los laboristas parecen concordar. Veremos hasta dónde operan las circunstancias que pueden alargar el proceso de su defenestración. Solo el devenir de los hechos políticos revelará si Starmer puede seguir en el cargo.