Decía Fernando Arrabal que “el porvenir actúa en golpes de teatro”. Y a veces el teatro no te deja hacer lo que tú quieres.
Por Juan Cruz, en diario Clarín
Hace muchos años conocí al que luego sería primer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero. Luego lo vi mil veces, cuando dejó de ocupar el cargo mayor de su vida y después, cuando se apasionó con la figura de Jorge Luis Borges, sobre cuyos versos escribió un libro breve del que él estuvo muy orgulloso.
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A esa presentación acudí; me sorprendió entonces que Zapatero bautizara el libro en una sede sindical de su partido, pero entonces no me sentí impelido a preguntarle de dónde venía su elección. Lo que colegí de su manera de ser de entonces, ya tan cerca de la poesía, fue que él le estaba diciendo adiós a la política.
Regresó a la vida pública más potente cuando su partido empezó a perder fuelle, en la campaña electoral de 2023, y él se prestó a emprender una campaña que salvó la vida y el gobierno de los suyos con una pasión que parecía de colegial generoso al rescate de un alumno que se manifestaba sin porvenir ni alegría.
Desde entonces aquel Zapatero que salvó a Sánchez, e impidió que llegara al poder de nuevo el partido que fue de Aznar y que ahora es de Feijóo, se convirtió en parte esencial del futuro de Partido Socialista cuyas alianzas fueron peligrosas pero cuya pasión por el poder (el de Sánchez, el de Zapatero) arrostraría todas las dificultades… hasta ahora mismo.
La relación de Zapatero con Sánchez y con las fuerzas socialistas en general ha hecho del partido una piedra de enorme poder interno. En las afueras del partido, Felipe González, que había sido el Zapatero de su tiempo, decidió hacerle la guerra a Sánchez y a las cercanías de Sánchez... y de Zapatero.
Cada vez fue más dura la disensión, hasta el momento presente cuando, ya se sabe, el hombre que parecía un baluarte, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido acusado por los jueces de graves delitos que ahora se dirimen en medio de una terrible diatriba. Ahora sobresale de la contienda la ansiedad del Partido Popular por hacerse con el poder de Sánchez, que en parte fue de Zapatero y que ahora es un vaivén entre el peligro de la nada y el peligro de ser nada.
En aquel tiempo en que Zapatero llegó a presidente ocurrió algo que jamás se puede olvidar, y que yo mismo recuerdo como si fuera ayer por la tarde. Era unos días antes del terrible atentado que terroristas árabes perpetraron en Madrid y en sus afueras y que causaron casi doscientos muertos. El uso que hizo el entonces gobierno de José María Aznar de aquel hecho, que se producía días antes de las elecciones de Marzo de 2004, llevó al gobierno de derechas al descrédito que aupó al poder a Zapatero.
Una semana antes de que todo esto ocurriera coincidí en la radio con el que entonces era aspirante socialista a quitarle el poder al sucesor de Aznar, Mariano Rajoy. Era muy difícil que Zapatero fuera presidente, pero ocurrió aquella horrible masacre, Aznar y los suyos se empeñaron en que fueron los vascos quienes la causaron, y no los terroristas árabes, la gente se echó a la calle y en las urnas que seguirían cayó el Gobierno de la derecha y alcanzó el poder José Luis Rodríguez Zapatero.
La vida se mezcló con la enorme crisis económica, y luego de algunos años de bonanza se cayó el ganador. Cuando le quedaba un poco de fuelle todavía a Zapatero, Carlos Fuentes y otros importantes intelectuales acudieron a saludarle al palacio de la Moncloa. Le preguntó Fuentes al presidente, en un momento de aquella recepción, cómo veía esa crisis que parecía un volcán. Recuerdo que Zapatero miró al autor de La muerte de Artemio Cruz y le dijo tan solo: “Eso no va a ningún lado”.
Aquello fue una crisis global que ni Zapatero, ni nadie, probablemente, sabría atajar ni con acertijos. Tal fue aquella crisis global que el propio Zapatero empezó a gobernar como si fuera un zombi y el sucesor de Aznar, Mariano Rajoy, agarró el poder para perderlo años después y dejarlo en manos de Pedro Sánchez, a quien a su vez salvaría Zapatero cuando éste se decidió por hacer una campaña unipersonal. Salía a la palestra el lector de Borges que durante años había creído que quizá fueran mejores los días leyendo a Borges.
Ahora todo está roto, Zapatero está roto, está roto el Partido Socialista, se ha roto en cierto modo la coalición que trataba de seguir gobernando hasta que amanezca. Pero el amanecer se está cayendo a cachos mientras el verano se come el aire del futuro para Zapatero, para Sánchez, y quién sabe si para el país desde el que ahora estoy escribiendo estas páginas que quizá sean preludio de lo que queda por pasar, de momento, en esta una nueva historia española. España nunca ha parado de dar noticias; ahora estas son las noticias. Mañana…, quién sabe.
Decía Fernando Arrabal, el escritor del pánico que hace sesenta años inventó una nueva manera del teatro, que “el porvenir actúa en golpes de teatro”. Y a veces el teatro no te deja hacer lo que tú quieres. Unos días antes de que todo este barullo se pusiera en marcha y de que José Luis Rodríguez Zapatero se recluyera en su casa hasta que los jueces lo llevaran a declarar, me llamaron desde Perugia, la hermosa ciudad italiana, para preguntarme si era posible que el que fuera presidente español acudiera allí a hablar del futuro de la política.
No sé, dije yo, lo pregunto. Sí, Zapatero está disponible, eso me dijeron en las oficinas del expresidente. Los trámites fueron rápidos; sí, encantado irá, y el tiempo se hizo propicio: nada conspiraba contra la idea del viaje, y yo mismo fui invitado… En la víspera del viaje saltó toda esta marabunta y la secretaria de Zapatero avisó de que todo lo que iba a hacerse ahora quizá se podría decir en otro tiempo, quizá más adelante…
Este mediodía, cuando empezó el interrogatorio de Zapatero en la Audiencia Nacional y éste explicó que ya habría mejores noticias, que ahora son malas pero serán buenas o por lo menos no serán como parece, me entretuve recordando todos estos hechos en los que se mezclan tantos personajes, tantas personas… Tantas historias que ahora no son tan solo el recuerdo del pasado sino también la tozudez del presente haciéndose siempre el que obliga al futuro a comportarse como le da la gana. Tanto es así que, cuando ya tenía en la cabeza de qué debía escribir estos días me vino a ayudar un viejo amigo muy joven, del que es fan, por cierto, el propio Zapatero.
Lo más preclaro que ha pasado, de momento, se llama Messi, ha marcado tres goles nada más empezar el presente campeonato mundial y los que somos del Barça, como lo es Zapatero, como lo soy yo mismo, lamentamos que la directiva se haya despojado de él en mala hora y sea ahora el gran Messi de todos los tiempos el que nos dé la alegría de ser, retrospectivamente, apasionados del mejor futbolista del mundo. Mientras tanto… Mientras tanto queda todo por hacer, porque lo que les acabo de contar tan solo acaba de empezar en España.