Voluntarios y familiares de desaparecidos denunciaron que tuvieron que asumir gran parte de las tareas de salvamento y cuestionaron la respuesta insuficiente del gobierno frente a la magnitud de la tragedia.
La desesperación por encontrar víctimas entre los edificios colapsados derivó en un fuerte reclamo de vecinos y voluntarios contra un grupo de militares desplegados en Tanaguarena, en el estado venezolano de La Guaira, una de las zonas más afectadas por los terremotos que golpearon al país.
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Los habitantes exigieron que los uniformados dejaran de custodiar el perímetro y se sumaran directamente a las tareas de rescate. La presión terminó dando resultado: los soldados tomaron picos y palas y comenzaron a remover escombros junto a los civiles.
La escena se produjo cuando ya habían pasado cuatro días desde los dos terremotos que devastaron parte de Venezuela y que dejaron un saldo oficial de 1.450 muertos y 3.150 heridos. Mientras las chances de encontrar sobrevivientes disminuyen con el paso de las horas, familiares de desaparecidos denuncian que los esfuerzos disponibles siguen siendo insuficientes.
La protesta ocurrió frente a un edificio derrumbado donde decenas de voluntarios intentaban localizar víctimas. Allí permanecía un grupo de alrededor de 20 militares que, según los presentes, se limitaba a custodiar la zona sin intervenir en las tareas de rescate.
Uno de los momentos de mayor tensión se registró cuando un vecino increpó a los uniformados y les pidió que dejaran las armas para colaborar con los trabajos. “El país necesita de ustedes. Baja tu arma, baja los plomos”, gritó, mientras señalaba las herramientas utilizadas por los rescatistas civiles.
Entre quienes encabezaron el reclamo estuvo Alexander Mijares, un comerciante de 26 años que acudió como voluntario para buscar a una amiga atrapada bajo los restos del edificio. “Se pegaron a una pared cuando teníamos que sacar a una persona que estaba muerta y ellos de lo más tranquilos en una esquina”, relató.
El joven también cuestionó que el contingente hubiera sido enviado con armamento en lugar de equipos para colaborar en la emergencia. “¿Por qué no los trajeron con palas y con picos? ¿Por qué los trajeron con fusil y con armas? ¿Dónde está la guerra?”, reclamó.
Otros familiares de desaparecidos se sumaron a los cuestionamientos y expresaron su frustración por la demora para recuperar los cuerpos de sus seres queridos. “A mis hijos no me los van a tirar en una fosa común”, exclamó uno de ellos durante la protesta.
Tras varios minutos de reclamos, los militares dejaron sus posiciones, tomaron herramientas y comenzaron a participar en el levantamiento de escombros junto a voluntarios y rescatistas.
La búsqueda continúa en medio de un clima de creciente malestar en las zonas afectadas. La Guaira concentra gran parte de la devastación, con numerosas construcciones colapsadas y otras gravemente dañadas.
En medio de ese escenario, equipos internacionales lograron rescatar con vida a un hombre y a su hijo adolescente, quienes permanecían atrapados bajo una estructura derrumbada desde hacía varios días.
Pese a ese hallazgo, los familiares reconocen que el paso del tiempo reduce las posibilidades de encontrar más sobrevivientes. Héctor Aguilera, de 60 años, espera noticias de cuatro familiares atrapados tras el colapso de un edificio. “No tenemos el apoyo para sacar a nuestros familiares, nosotros mismos no podemos”, afirmó.
Mientras tanto, organismos internacionales estiman que el número de desaparecidos supera las 50.000 personas, al tiempo que los equipos de rescate continúan revisando cerca de 800 edificios afectados con apoyo de brigadas extranjeras, perros especializados y ayuda humanitaria enviada por distintos países.
En paralelo, el gobierno venezolano militarizó sectores de La Guaira y estableció un sistema de salvoconductos para controlar el ingreso a las zonas devastadas, una medida que generó críticas entre rescatistas y voluntarios, quienes consideran que los trámites retrasan la llegada de ayuda.