X
Opinión y Actualidad

Crítica de "Sentido y sensibilidad"

Georgia Oakley ofrece una nueva puerta de entrada a Jane Austen con una adaptación de pulso clásico, mirada naturalista y temas que siguen muy vigentes.

Hoy 07:21
Sentido y sensibilidad

Por Laura Pérez
Para Fotogramas

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE DIARIO PANORAMA Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

El universo Jane Austen funciona como una franquicia en la que siempre hay espacio para una adaptación más, ya sea de su obra o sobre su propia vida. La Jane Austen Literacy Foundation tiene contabilizadas más de 70, tanto para cine como en televisión. Sin ir más lejos, en poco más de un mes se estrenará la serie ‘Orgullo y prejuicio’ en Netflix. Ya en 1813 escribió una carta a su hermano Frank en la que le contaba que se habían vendido todos los ejemplares de la primera edición de ‘Sentido y sensibilidad’, lo que le había reportado 140 libras de la época. Hoy estaría contenta.

Tenía 19 años cuando empezó a escribir esta su primera novela, que inicialmente se titulaba ‘Elinor y Marianne’, como sus protagonistas. Aunque la publicó años después, muchos han visto en estas dos hermanas de 19 y 17 años un trasunto de la propia Jane y su hermana Cassandra. En esta nueva versión las interpretan con veracidad y aplomo Daisy Edgar-Jones (Elinor) y Esme Creed-Miles (Marianne) dos actrices que han conectado enormemente con la generación Z gracias a series como ‘Normal People’ o ‘Hanna’. Ambas son capaces de dotar de una frescura contemporánea a dos personajes que el guion mantiene fielmente pegados a su concepción original. Una racional y sensata, la otra apasionada e impulsiva hasta donde su época le permite serlo.

Nada aquí se desvía de la trama ni el espíritu de Austen. Tanto si su intención era crear un retrato costumbrista de la burguesía rural en la Inglaterra del XVIII, como si pretendía señalar las escuetas posibilidades que la sociedad de la época ofrecía a las mujeres, o contar el anhelo de amor romántico de dos adolescentes, todo está ahí. Esto último es el hilo argumental de la historia, tal y como Austen lo concibió. George McKay (‘1917’), aporta a Edward Ferrars la contención que le va como anillo al dedo, de quien se enamora Elinor. mientras Frank Dillane ('Urchin') dota a Willoughby del encanto que seduce a Marianne.

Una de las pocas concesiones respecto al texto original es acortar la diferencia de edad entre Marianne y el coronel Brando, un pretendiente que en el texto original era casi 20 años mayor. En la excelente adaptación que hizo Ang Lee en 1995, protagonizada por Emma Thomsom y Kate Winslet, este personaje estaba interpretado por un imponente Alan Rickman, conservando esa distancia generacional. Aquí es el noruego Herbert Nordrum (‘La peor persona del mundo’), porque hoy un hombre de 35 años obsesionado por una chica de 16 puede ser muchas cosas, pero nunca un héroe romántico.

Podemos cuestionar el empeño de la industria por volver una y otra vez a algunos clásicos, pero cada generación necesita su propia puerta de entrada a ciertos tótem de la cultura universal. Seguramente gran parte del público que permanecería ajeno tanto a la novela como a la fiel adaptación de 1995, disfrutará esta. Su narración de pulso clásico y un tratamiento visual naturalista, con una minuciosa atención al detalle, la luz y la climatología consiguen una adaptación vibrante y muy lograda. Hay algunas escenas memorables, como la conversación entre Elinor y Edward ante los Canaletto de la National Gallery. Debemos agradecer también que además de hablarnos de amores apasionados y mostrarnos vestidos de época, no deje de recordarnos que la obsesión por el dinero, la ambición por ascender socialmente y el estar dispuesto a casi todo para conservar los privilegios, no son males del mundo de hoy.

En su primera película, 'Blue Jean' (2022), la directora británica Georgia Oakley ya demostró su habilidad para retratar la Inglaterra thatcheriana y diseccionar cómo las normas de una época atraviesan la vida íntima de las mujeres. Ese vínculo une ambas películas y empieza a dibujar una mirada propia, a la que merece la pena seguir la pista.

Para quienes siempre tienen hueco para una taza más de Jane Austen.