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“Habrá sangre”: la escalofriante amenaza que apareció en las calles de Irán

El régimen instaló enormes carteles con imágenes de Trump ensangrentado, mientras crece la tensión con Washington por nuevos bombardeos a una isla estratégica.

Hoy 10:50
Pintadas en Irán.

Una enorme imagen de Donald Trump detrás de las rejas, con la cabeza gacha y una amenaza escrita en letras gigantes, domina desde este martes una de las plazas más concurridas de Teherán. “Mataremos a Trump”, advierte la valla publicitaria instalada por el régimen iraní, en una nueva escalada de la retórica contra el presidente estadounidense, en momentos en que Estados Unidos celebra unas cruciales elecciones de medio término y crece la incertidumbre sobre el futuro de la guerra en Medio Oriente.

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La provocación apareció en la plaza Enghelab, en el centro de la capital iraní, donde decenas de personas se congregaron con banderas rojas y pancartas que prometían: “Habrá sangre”. Los manifestantes exigieron venganza por la muerte del líder supremo Ali Khamenei, asesinado el 28 de febrero durante los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel que desencadenaron una guerra de consecuencias devastadoras para la región.

A pocos metros, otra gigantesca imagen muestra a Trump junto al vicepresidente estadounidense, JD Vance; el enviado especial de Washington, Steve Witkoff, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Los cuatro aparecen con los rostros ensangrentados y los trajes desgarrados, sobre un fondo de banderas estadounidenses e israelíes deterioradas.

Las amenazas no se limitan a esa plaza. En Tajrish, una concurrida zona del norte de Teherán, una exposición al aire libre exhibe pinturas del mandatario norteamericano en escenas violentas. En una de ellas aparece tendido en el suelo, con el rostro ensangrentado, mientras un pie le aplasta la cabeza. Otra lo muestra con una bomba que le oculta la cara.

La campaña visual forma parte de una estrategia de propaganda desplegada por las autoridades iraníes desde el comienzo del conflicto. Los murales y las vallas patrocinados por el Estado son una herramienta habitual del régimen desde la Revolución Islámica de 1979, utilizada para exaltar a sus dirigentes, honrar a figuras militares y enviar mensajes intimidatorios a sus principales adversarios, especialmente Estados Unidos e Israel.

Una amenaza en plena jornada electoral
La nueva ofensiva propagandística llega en un momento especialmente delicado para Trump, que este martes enfrenta una de las pruebas políticas más importantes de su segundo mandato: las elecciones de medio término, que definirán el control del Congreso durante los próximos dos años.

Los estadounidenses votan para renovar la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado, en unos comicios que se convirtieron en un referéndum sobre la gestión del presidente republicano.

El aumento del costo de vida, el desgaste de la economía y el rechazo a la prolongada guerra con Irán figuran entre los principales factores que alimentan el descontento de los votantes y las expectativas de la oposición demócrata.

Según un relevamiento de AP, la aprobación de Trump se ubica en torno al 35%, mientras que apenas una cuarta parte de los estadounidenses respalda su manejo de la economía.

Los demócratas necesitan conseguir una ganancia neta de tres bancas en la Cámara de Representantes y cuatro en el Senado para arrebatarles a los republicanos el control de ambas cámaras. Una victoria opositora podría complicar seriamente la segunda mitad del mandato de Trump, al abrir la puerta a investigaciones parlamentarias, bloquear iniciativas legislativas y limitar su margen de maniobra político.

La guerra con Irán se convirtió en uno de los grandes puntos vulnerables de la Casa Blanca. El conflicto, iniciado hace más de ocho meses, alteró los mercados energéticos, provocó fuertes aumentos en los precios de los combustibles y expuso a Trump a crecientes cuestionamientos sobre los costos económicos y militares de su intervención.

En ese contexto, el mandatario intentó transmitir en los últimos días una señal de distensión y se mostró optimista respecto de un posible acuerdo diplomático con Teherán.

Sin embargo, sus declaraciones contrastan con nuevas operaciones militares estadounidenses contra territorio iraní, que amenazan con frustrar los esfuerzos para alcanzar una salida negociada.